miércoles, octubre 20, 2010

La mala reputación

Lo bueno, por considerar algo bueno, es que cuando transcurrían las horas... se le pasaba todo, pensaba en frío y se calmaba... lo volvía a pensar... y lo siguiente que quería era verla... ser sincero, decirle que lo sentía, que era un idiota… lo único que quería era verla… lo único…


pero...

Aquella tarde de invierno, a las 19.10h, se conectó y lo que vio es que ella iba muy deprisa... 180 km/h era mucho para lo calmado, tranquilo y sereno que ahora quería estar con ella...

El mensaje a través de la red social que ella le vomitó en su bandeja de entrada era de todo menos alentador. El orgullo de ser más orgullosa que el orgullo de él mismo, la inexperiencia o la mala experiencia, su desconfianza hacia su mala reputación, los desprecios de sus amigas hacia él que no se cansaba de escuchar, su descomunal hipersensibilidad excesiva y sobrenatural… y lo más importante de todo, era invierno, un invierno frío y sus manoletinas no ayudaron a mantener el calor en sus pies, las horas que habían pasado hubieran bastado para haberse curado en prevención de una helada sabida de pies, sus pies pequeños, indefensos, culpables de su ida de mente, de cabeza hueca… con los pies fríos no se piensa bien y en consecuencia no se actúa…

Él le respondió aquel mensaje:
Asunto: mi orgullo.
… no te caigas subiendo las escaleras, no tropieces bajándolas, no te arrepientas, ya no me quitaré la armadura nunca más.

Aquella tarde de invierno se convirtió en aquella noche de invierno. Él que pensaba llamarla y cenar para hablar... él,... se conformaría con la idea de trasnochar, de perderse en barras de bar, de vacilar con las drogas… de sacudir su agenda telefónica para buscar pechos donde llorar, labios que besar y así, así… dilatar su mala reputación un poco más…

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