jueves, diciembre 23, 2010

.ahora sólo faltaba.

Cuando regresé de Paraguay tras mi estancia como cooperante, poco o nada había cambiado. La tarde siguiente a mi llegada fui a buscar una bicicleta de paseo, me negaba después de seis meses sin coche a volver a recurrir a él. Compré algo de cena en el restaurante chino de enfrente de casa y me atreví con los palillos. Ventilé el piso. Desempaqueté las copias de toda la filmografía de W. Allen y la coloqué junto al espacio reservado para la nueva librería. Mañana volvería a mi antigua habitación a por los libros. Tras beber, con el agua sobrante de mi botella, regué la planta que mi madre me había regalado tras mi vuelta, y la ubiqué en un lugar reservado para su buen crecimiento. Abrí el portátil y puse a Zahara para que me acompañara. Luego recuperé todos aquellos textos a medias, los olvidados, y repasé algunos que habían gustado en la red. Apunté en un pos-it el nombre y número de aquella joven editora recomendada por una compañera cooperante de Barcelona. Le prometí el primer ejemplar firmado si salía a la luz, y otro tipo de favor o recompensa. Ya se discutiría entre vino y risas. Saqué casi todo mi vestuario del armario, por fin acepté que tenía demasiada ropa, demasiados zapatos, relojes… demasiado de todo y tanto de nada.



Hojeé la oferta cultural: concursos de literatura, conciertos pop-rock, espectáculos de teatro, exposiciones de arte… eso me recordaba lo de las pinturas y los lienzos. Otro pos-it: caballete y pinturas. Sacar del baúl ¡ya!
Conciertos para esta semana: Sala Joy Eslava. Lori Meyers. 21.30 h. ¡Perfecto! Ahora sólo me faltaba encontrar el móvil, encenderlo, leer todas las llamadas y mensajes acumulados en la bandeja de entrada, y buscar tu nombre en la agenda… ahora sólo faltaba que siguieras esperando esa llamada.

jueves, diciembre 09, 2010

El día que murió Marilín

Me senté a ver pasar el tiempo. Ése que cuando me sobra, me estrangula. En aquel café de espejos, el asiento más cómodo era el de los libros sobre las manos de aquellos desconocidos, los mismos que se citaban, indistintamente cada día, para leerse y no dirigirse ni una sola palabra. Éstas sólo resonaban en las mentes disfrazadas de gente de aspecto bohemio, mezcladas con cafés de sobremesa, solos, cortados, con leche, rara vez manchados. El tiempo pasaba y me asfixiaba. Las inspiraciones y respiraciones perturbaban la lectura silenciosa de los allí presentes. En mi cabeza, casi les oía decir: ¡llévate de aquí tu inestabilidad emocional, vomita esa afectividad acumulada o clama un abrazo sincero!

Pasado el tiempo, acabado mi café y desnudada la chica de enfrente, me dispuse a empezar un nuevo libro. Aquella tarde llevaba dos ejemplares. El que me había acompañado (y terminado) durante los viajes en metro hasta el café y el que pretendía iniciar “El día que murió Marilín”.

lunes, noviembre 08, 2010

bohémien

No soy yo. O quizá sí. No me reconozco en cualquiera de los casos. En los espejos parezco más bohemio, más pleno de dentro hacia fuera. Aunque lejos de ese bohemio francés de los años veinte, lejos del absenta como primer líquido estimulante y aborigen de mi peculiar estilo artístico, que deambula por calles, perdido en Montmartre… buscando la perspectiva adecuada, ataviado con instrumentos mágicos, para plasmarla sobre el lienzo olvidado. Lejos me encuentro no sólo por los miles de kilómetros. Hago el intento de bajar desde la que dicen es la ciudad del amor, como si dependiese de estéticas estructuras y bellas estampas. Bajo y hago una parada para visitar a Gaudí, para perderme por Barcelona y pisar el asfalto cosmopolita y progresista de sus avenidas cuidadosamente constituidas. Madrid es diferente. Paseo sin rumbo fijo por Malasaña y Lavapiés, me mezclo entre sus gentes, llenas de colores y culturas dispares. Me siento en Gran Vía a ver pasar los automóviles, a los ecologistas en bici y a colgarme de alguna homóloga bohemia del sur extraviada en el centro de su mapa. Huelva no es París, ni nada de lo anterior. Ser yo es más fácil que ser tú allí. Me diferencio del resto, lo noto, lo presiento. Nada tiene que ver que ahora la moda que no me incomoda se tiña de verdes y marrones otoñales, de pañuelos para el cuello estratégicamente colocados como ornamento más que como prenda que cuide mi cuello y mi salud. Hago descanso en mis actividades diarias, en mi rutina buscada, para leer. El pelo largo, cada vez más, desterró de una vez por todas al pegamento para estrellas de cine y el deporte. La barba de tres días es sólo un recuerdo de tiempos más calurosos, de paseos en velero por proa y amarres de cabos sueltos. De anuncio de polo americano. Una capa considerable de bello me cubre mi cara, mis cicatrices, y muestra celosa mis labios. Caracoleo con mis dedos si te pienso. Ya no veo la televisión, si acaso canales informativos y/o de naturaleza. Me embobo. Escucho siempre el mismo dial, el que me hace ser, siempre mientras conduzco, y conduzco mucho. Leo literatura donde tus problemas sociales y mis relaciones sexuales cobran sentido. Me intereso por la política, alejándome más si cabe de las desechadas ideas conservadoras, de las fiestas para tomar el té y del nuevo progresismo de derechas que es la izquierda que nos ha tocado vivir. Exento de las políticas europeas y de las que pregonan cruzando el charco, me siento huérfano político. Y todo esto sería polvo o pólvora, sino fuera por ella, y porque según Murger, la bohemia "no es posible sino en París".

miércoles, octubre 27, 2010

virtualmente perdido

La cosa fue, más o menos, como caer en un pozo sin fondo. Imagínatelo, si tienes imaginación. Porque el pozo del que hablo yo tiene luz propia, si no, cómo coño crees que lees esto aquí y ahora. La cosa fue, más o menos, así. Me perdí. Iba caminando y, de repente… no sabía dónde estaba. Me buscaba pero no me encontraba. Creí que me había escondido, pero no. Lo supe cuando me vi solo, perdido. La cosa fue, más o menos, sin querer. Se fue la luz. Imagínatelo, si tienes imaginación. Estás fuera, al borde del pozo y se va la luz (dentro del pozo sigo iluminado). Claro, si no hay luz pues esto no fluye, ni con pilas va ya la cosa, ¡qué fuerte! La verdad es que la cosa fue, más o menos, sin esperarlo. Estaba yo aquí y de repente me vi allí. Una isla desierta. Agua, arena y palmeras cocoteras. La cosa fue, más o menos, por inconsciente. Olvidé mis contraseñas, las llaves de mi mesmedad en la red ¿quién soy? Pincha aquí si olvidaste quién eres. No me daba esa opción. Lo siento. Eres lo peor (ni preguntaste). La cosa fue, más o menos, como os estoy contando. Me tocó la lotería. He estado en la cárcel. Con la izquierda no sé. Fui abducido. Dejé de pagar el adsl. Y otras cosas. Estuve dando una vuelta. Alrededor del mundo. Si te fijaste, fueron curiosamente 80 días de ausencia. No me dio la gana, la real. Estuve en el monte. Me robaron las historias. Perdido ya lo he dicho, ¿no? Ahora leo. No uso gomina. Aunque esto último no influyó nada. No te miento pero... Perdí el norte. La brújula. Y me encontré. Imagínatelo, ¿tienes imaginación? Porque no te imaginas el motivo de esta larga ausencia. Me echaste de menos. Ve acostumbrándote. Lo hice por ti. Créetelo. Menuda imaginación. ¿Llegaste al clímax de mi juego de palabras?


No tienes tanta imaginación.

miércoles, octubre 20, 2010

La mala reputación

Lo bueno, por considerar algo bueno, es que cuando transcurrían las horas... se le pasaba todo, pensaba en frío y se calmaba... lo volvía a pensar... y lo siguiente que quería era verla... ser sincero, decirle que lo sentía, que era un idiota… lo único que quería era verla… lo único…


pero...

Aquella tarde de invierno, a las 19.10h, se conectó y lo que vio es que ella iba muy deprisa... 180 km/h era mucho para lo calmado, tranquilo y sereno que ahora quería estar con ella...

El mensaje a través de la red social que ella le vomitó en su bandeja de entrada era de todo menos alentador. El orgullo de ser más orgullosa que el orgullo de él mismo, la inexperiencia o la mala experiencia, su desconfianza hacia su mala reputación, los desprecios de sus amigas hacia él que no se cansaba de escuchar, su descomunal hipersensibilidad excesiva y sobrenatural… y lo más importante de todo, era invierno, un invierno frío y sus manoletinas no ayudaron a mantener el calor en sus pies, las horas que habían pasado hubieran bastado para haberse curado en prevención de una helada sabida de pies, sus pies pequeños, indefensos, culpables de su ida de mente, de cabeza hueca… con los pies fríos no se piensa bien y en consecuencia no se actúa…

Él le respondió aquel mensaje:
Asunto: mi orgullo.
… no te caigas subiendo las escaleras, no tropieces bajándolas, no te arrepientas, ya no me quitaré la armadura nunca más.

Aquella tarde de invierno se convirtió en aquella noche de invierno. Él que pensaba llamarla y cenar para hablar... él,... se conformaría con la idea de trasnochar, de perderse en barras de bar, de vacilar con las drogas… de sacudir su agenda telefónica para buscar pechos donde llorar, labios que besar y así, así… dilatar su mala reputación un poco más…

miércoles, octubre 13, 2010

Things i never told you

Despertar de repente. Pensar en nada. Las sábanas arrugadas. Los domingos. Amanecer temprano. Cepillarme los dientes. Verme reflejado. Los espejos.
La habitación desordenada. Los domingos. Ahogarme en el armario. Salir corriendo. Sin tiempo ni reloj. Olvidar el móvil. La pereza.
Parar el tiempo. Girar la llave. Conducir solo. Sin rumbo fijo. O un par de destinos improbables. Pop de los 80. Sumergirme. En la música. Gritar. Pensar en nada.
Parar en doble fila. Estar seguro. Girar la llave. Intermitentes. Pensar en nada.
Beber en la barra de un bar. Pedir otra. Y otras más. Aguantar la micción. Pensar en nada. Mandarme a callar. Pedir otra. Y otras más. Salir corriendo. Olvidar mear.
Cruzar la calle, cruzarnos. Que no seas tú. Pensar en nada. Deambular. Verme reflejado. Escaparates. Maniquíes desnudos. Pensar en nada. Esquinas, portales. Mear. Pensar en nada. Estar seguro. Suspirar, aliviar, sonreír. Pensarte a escurridas.
Caminar. A paso ligero. Tormenta de verano. Refugio inesperado. Ver llover. Paraguas en mano. Ajena. Ninguno conmigo. Ni contigo. Verlas caminar. A paso ligero. Pensar en nada.
Quedar a salvo. Estar mojado. Directo a los baños. Secador de manos. Reflejos en el espejo. Volver a secas, húmedo. Pensar en nada. Pedir un helado. Comer helado. Chocolate con cookies. Pensar en nada. Ver lloviznar.
Escampar. Imaginar la hora. Pensar en mis relojes. Búsqueda inútil en mis bolsillos. Volver. A casa. Sin prisas. Caminando. A paso lento. Mirada al suelo. Pensar en nada. Cruzar en rojo. Búsqueda inútil entre las calles. Mojadas.
Dormir cuando tenga sueño. Soñar despierto. Perderme en tu corazón. Mirar a la gente. Tenerte enfrente. En sueños. Despierto. Imaginarte en otra. Que se parezca. Que se te parezca. Pelirrojas. Hay pocas. Como tú. Que se parezca. Que se te parezca. Pensar en nada. Es lo mejor.
Llegar a casa. Soltar las llaves. Calefacción aire acondicionado. Desnudo. Cepillarme los dientes tras de ti. Reflejarnos en el espejo. Verte reír. Soñar despierto. Caminar en círculos por el salón. Sofá. Leer.
Jersey T-shirt. Sed. Agua. Pensar en nada. Mirar. El portátil. Documento de texto. Sentarme frente a él. Pensar en ti. Segundos. Teclear. Pensar en nada. Teclear.
Escribir mentiras. Sobre mí.

miércoles, mayo 12, 2010

Enigmática disyuntiva

Las veces que he pensado en ir a por ti. 
Las mismas que has soñado que despertabas a mi lado.

Pero algo nubla mis sentidos, ¿pueden ser los tuyos? 
Puede ser la niebla, pero es el miedo. 
Mi boca está sellada... mis ojos sordos, los dos.

¿Qué hacer si te tengo delante? 
Lo de tus manos o mis manos es cuestión de trazos o abrazos. 
Sostenerlas es obligación, acariciarlas... eso es otra canción, 
eso es otra canción (de amor), 
de las que gustan, de las de Quique o Carlos.

Y es que, aun sabiendo lo que importa,
los besos de reojo o las miradas con cara de ceder,
las sonrisas que quisieras evitar o el verde brillo reflejo en mi ser... 
aun sabiendo los que importa, lo demás,
todo lo demás siempre ha sido un acierto... 
otra canción es eso de... si tú me quieres o si yo te quisiera... 
eso es otra canción de las que gustan,
de las de Andrés o Iván.

Y es que lo que importa son los aciertos, los buenos o los malos.

Acabas colocando a cada lado de la raya, 
las canciones buenas o las malas, 
y los aciertos bajo la almohada. 
Luego, tú sonríes justo antes de soñarme... 
y son las mañanas en las que justo después de levantarte, 
vuelves a hacerlo, como cada noche, 
sin llegar a aclarar tu disyuntiva para amar.

Siempre estoy aquí, al lado de donde duele. 
A veces, delante de ti esperando que seas tú la que grite... 
la que dibuje sus sueños en mi espalda 
y, tras los polvos mágicos, se hagan realidad.

En serio, estoy aquí. Esperando tu salto mortal,
o no.

miércoles, abril 28, 2010

un 4 y dos 5

No cabe duda que de todas las herramientas del nuevo Microsoft Word, la de Ancho de página en la pestaña Vista era y será la mejor opción para empezar y acabar con final inesperado la novela que tengo en mente.

Últimamente, de unos quince años acá, la mayoría de mis éxitos literarios han rondado las trescientas y “picopelopata” de palabras, la mayoría aceptadas por el DRAE, algunas malsonantes y otras inventadas. Los mejores los dedicados con la mitad de trescientas, muchos picos, dos patas y nada, nada de pelo. De unos quince segundos acá, he pensado en juntar todos esos textos y quizá, y digo quizás, me llegue para una novela de segunda, una donde aparezca bien grande y socorrida mi foto en portada (y en el interior, pero más pequeña, claro). Puede darme para algunas invitaciones Vips y para algunas acreditaciones. Estancias en hoteles, reencuentros con amores de nivel 2, chic y presentadoras de TV. Firmaría algunos ejemplares, tengo muchas amantes y un par de amigos conocidos [por todas (mis amantes)]. Me daría para “vivir del cuento”, nunca mejor dicho. Hacer como en las pelís americanas, en esas librerías nada “cool” junto a ropa y discos de segunda mano, tropezar conscientemente con la chica que observa la foto del interior: “Sí, bueno… soy yo, bueno sí, era… mucho más joven”.

Actualmente, no sobrepaso el centenar. Éste ya se me está haciendo demasiado largo, y acabo de empezar. No me preocupa demasiado. Tengo cosas que hacer en cuarenta y cinco minutos, y tendré que dejarlo (a medias). Cuarenta y cuatro. Ya he llegado a ciento ochenta y ocho en total, ahora ciento noventa y tres. Treinta y nueve minutos.

Ahora entiendo lo que es vivir en soledad (perseguida. Sí, por favor. Oh my God!). La buhardilla es demasiado coqueta para disfrutarla a solas. Al llegar a casa después de hacer los “mandados”, parece que se me cae el techo encima. Esto es literal y en el otro sentido también lo es. Parece, del verbo parecer. De todos modos, es lo que te digo. Entre lavadoras y tendederos, entre camas y encimeras, entre muebles y suelos… tenlo todo recogido por si hay visitas, y abrígate si sales a la calle. "Mamá estamos en abril". Tenlo todo así, y entre unas cosas y otras, escribe algo donde no hables de amor, corazón, playa, verde y mariposas. Y es que es así. Me gusta cocinar y escribir, pero pasados los cuarenta y cinco minutos, prefiero un práctico chino, un cuchillo afilado y un buen abridor (así me lo vendieron: “El interior de una botella puede llegar a ser muy tentador pero sin el sacacorchos adecuado no podemos disfrutar de ese placer.”) que seguir con un texto de cuatrocientas cincuenta y cinco palabras que no dicen nada.

sábado, abril 10, 2010

Perdido


Me despierto con la claridad de un sol que se deja entrever siempre que las nubes le dan tregua. Ya siempre me olvido de bajar la persiana. Reliado con tu sudadera, la última que llevabas, la de estar por casa... no hace falta que te diga para que duermo con ella. Cuento los días que faltan, me imagino tu regreso... te añoro. Pinchazo en el interior.
No hay besos ni abrazos... no hay estimaciones temporales.

El baño está recogido. No estoy acostumbrado a verlo como lo dejé la noche anterior. No hay mensajes en el espejo. No hay cremas en el lavabo, ni pasta dentífrica que lo manche todo. La solución para tus lentillas sigue ahí, como tus horquillas y cintas del pelo. Todo sigue como siempre (desde que te fuiste). Odio que todo esté en su sitio.
En la cocina ya no hay Cola-cao espolvoreado por toda la encimera... ya no friego tus tazas...

Ando perdido sin ti... el piso se me hace demasiado grande. Me sobra cama, sofá, cocina, comida... me sobra sitio en la percha de la entrada... me sobra espacio... demasiado silencio... me sobra todo y me faltas tú... y esto es sólo el comienzo del día.

 

lunes, marzo 29, 2010

Pocoyó

Piensas que si te veo, te cogería de la mano... te sacaría del local donde estuvieras con todos, con él, con mi nuevo pocoyó que te has buscado... te llevaría tras una esquina... te pondría contra la pared... y sin mediar palabra (ya están mediando aquí) te besaría tras una larga mirada, cómplice, de varios segundos...


...


Imaginas que ya hemos entrado... mi pocoyó te estaba esperando...
Nuestros cuerpos han sudado y hemos respirado hondo... antes de entrar.
En el local ya no estamos juntos... es inevitable... somos discretos... a ti te conviene serlo.
Tú allí y yo aquí...
Nos miramos entre la multitud, te preguntan dónde fuiste, me preguntan qué hice...
Vacilamos con todo y con todos... sobre todo yo... soy así, a ti te conviene serlo.
Jugamos al despiste... sobre todo tú... y nos reencontramos minutos después de que me pierdas de vista...
Y paso de largo... sonríes y guiñas el ojo.
Bailas... piensas y me buscas...
Se escucha un chas! Y aparezco por detrás... con mis dedos retiro el pelo que te cubre el cuello, que te tapa el pecho... lo coloco hábilmente detrás de tu oreja... no me ves, pero sabes que soy yo... mi pocoyó es aún joven e inexperto... me hueles... sientes mis manos...
... y te beso... en la nuca... te estremeces y siento tu respiración...
te vuelves... y eres tú quien me besa... no puedes evitarlo...


...


Todos miran, él te mira... te haces la tonta... a ti te conviene serlo.
Tus amigas aguantan a pocoyó... sobre todo tú.

viernes, febrero 26, 2010

(antes de...) Así son las cosas

Lejos de ella buscaba acompañante para la inauguración de una nueva galería en el centro. Me gusta integrarme en la vida sociocultural de esta ciudad tan poco cosmopolita, lo hago por ella, saben, ¿no? Susana por aquel entonces ya me rondaba y yo echo mucho de menos a mi pichoncito.

Aquella noche dejamos el master de lado tras la tercera copa de vino y empezamos a conocernos mejor entre las copas de champagne. No sabía que Susana llevara aquel tatuaje. Tal cosa me sorprendió gratamente. De su boca dijo: -no sabes lo contenta que me has hecho eligiéndome a mí para que te acompañara. Tienes varias pretendientes en clase, ¿lo sabías?... le dije: -no, no lo sabía, pero ahora lo sé.

Intercambiamos miradas y sonrisas entre aquellas estrenadas salas de exposición, olientes aún a pintura y nerviosas por el trajín de los que allí se reunieron. Media etiqueta para ellos y vestido largo para ellas. Susana sabe elegir un vestido, ¡créanme! Físicamente me recuerda mucho a ella y es por ello y por la inevitable distancia que la extraño cada día, cada hora y cada minuto. ¡Joder, vaya ojos tiene... no me había fijado hasta ahora!
Hace cinco meses decidí dejar Madrid, a mis amigos, a mi familia y a ella por un master que podría haber hecho perfectamente en Alpedrete. Decidí darme un tiempo lejos de ella. Tiempo para que me extrañe y para que me demuestre de verdad que me quiere. Cuando acabe el master, si todo va a mejor, y ella termine la carrera hablaré con sus padres sobre la pedida. Tras nueve años de relación, mentiras, cuernos, huidas y reconciliaciones miles... después de nueve años lo que queda es casarse.

Susana ha quedado inaugurada por fin, me ha mostrado su peluda sala de exposición. Siguiente pretendiente de clase. Con Logroño me sale la rima fácil, con Susana también.

sábado, febrero 20, 2010

en busca de finales (I)

Un día te voy a regalar-enviar una de mis historias… una de las trescientascincuentaysiete que tengo empezadas y que no tienen final. Algunas son de pocas líneas, otras de varios párrafos. Que te pusieras un rato en mi sillón, delante de mi portátil, que abrieras mi carpeta de documentos a medias y eligieras uno al azar. Trescientosdos intentaban hablar de ti… cincuentayuno hablan ya de ti. El resto intentaban no empezar contigo en mi cabeza, ni una sola palabra se acerca a lo que en mí eres. Para que engañarnos. Si tomas uno de estos acabarás hablando de ti igualmente. Siempre acabas hablando de ti. Yo hacia bastante que no lo hacía. Hasta hoy, hasta esta noche, de madrugada… en busca de finales. Siempre resucitas en mi mente cuando se acerca algún final. Hueles a eso. A final pu(cu-)trefacto. Dejaste una parte parásita en mi cabeza que se alimenta de finales patéticos de novelas demasiado largas, de películas malas, de canciones comerciales, de poemas de rima fácil, de despedidas por el chat sin “putos” suspensivos… porque prefiero no hablar de finales de llamadas recibidas desde debajo del edredón y mucho menos de las idas y venidas cada vez que estoy “mosqueón”… esas idas que ya sabían a finales. Desde entonces no acabo nada en condiciones. Malos títulos, ningún final. No tengo emociones, ni ideas, ni lapsus, ni cojones. Un día te voy a regalar-enviar uno de mis pantalones con cuatro historias y sus trescientascincuentaytres versiones. Inacabadas todas, claro está.

martes, febrero 16, 2010

Así son las cosas

Tras acabar el master con una excelente calificación, haber disfrutado de los "placeres" de medio Logroño y lamido varias veces lo íntimo de su rima... poco más había que hacer allí.
No voy a mentir. Tenía ganas de volver a verla. Aunque el verano es una estación propicia para las rupturas, éste no es nuestro caso. Nos hemos reencontrado en julio, mes que hemos pasado entre Marbella, Madrid, Salamanca y Sotogrande. Este último de gran interés para mí, ya que es el único sitio donde puedo volver a verme con antiguos compañeros del equipo de Polo. Sus torneos reúnen a jóvenes jinetes de toda Europa y el ambiente chic que se respira es ideal para mantener a mi chica entretenida y a gusto.

La mayor parte de agosto hemos estado separados otra vez... ¡gracias a Dios! no la soporto demasiados días seguidos. Ella, como cada verano, pasa unos días en Miami, L. A., para ver a unos parientes lejanos, y acaba en NYC, en lo que ella llama su semana fantástica: "Shopping in the 5º Avenue". Insiste para que la acompañe pero cada verano me invento una excusa diferente para no convertirme en un perro faldero a tiempo completo y en una percha a tiempo parcial. Este verano ha tocado convención en Barcelona, o lo que es lo mismo: escapada de extranjis para ver a Susana. Llevaba desde la fiesta de final del master convenciéndome para coincidir unos días en verano... yo me hacía el duro y le contestaba que ya vería, que tenía muchos compromisos, y que no se preocupara, que si disponía de tiempo, prometía avisarla. Así ha sido. He cogido un avión al aeropuerto norte de Santa Cruz de Tenerife y me he traslado desde allí a La Orotava, que es donde vive. Me jode admitirlo, pero me ha hecho más feliz volver a ver a Susana después de un mes que a mi novia después de varias semanas. Las vacaciones han sentado bien a esta chica. En Logroño parecía otra. Supongo que el aire de la isla y estar rodeada por todos lados de mar le da un encanto especial. Estaba mucho más morena, con mejor cara y más interesada en mi polla que nunca. Por lo visto, me ha hecho caso y se ha cortado,... bueno, más bien, rasurado... me encantaba cuando me decía que jamás nadie se lo había comido con las ganas que lo hacía yo, ¡y si yo le contara...! Harto de comer y de ser "comida", las tardes de culo en el velero han sido más que inolvidables, parecíamos el Lequio y la Monroy en pelotas por la proa. He cogido un moreno curioso al que mi chica no está acostumbrada… puedo decirle que la convención tenía la recepción y alguna que otra sesión en el Port de Blanes.

Entre tanto sexo marítimo y tanta penetración submarina he tenido tiempo de hablar con su contestador y de mandarle algunos pocos e-mails diciéndole lo mucho que la quiero... ya saben, la conciencia después del polvo mañanero es muy puñetera, si es que... la echo de menos cuando está tan lejos... pero tal y como transcurren los días en la isla, voy a alargar esto, a seguir echándola de menos y a seguir queriéndola por correo electrónico. Lo que si será, es una sorpresa para Susana. Cada noche sobre mi hombro y después del follar como hienas en celo, me recuerda que por ella puedo quedarme el tiempo que quiera... definitivamente, creo que está enamorada de mi polla.

Como no tenía pensado esto, y las convenciones no son por quincenas (al menos, a las que yo asisto), le propondré ir a ver a mis abuelos al pueblo. Con esto, le pasa a ella como a mí cuando me sugiere que la acompañe a NYC, que siempre se ingenia una excusa para no bajar del status de la capital al de paleta rural, eso y que no soporta que esté más pendiente de mi abuela que de sus tetas. Ella y mi "yaya"... digamos que no se tienen mucha estima. Así que entre unas cosas y otras... me quedo casi una semana más, se termina su verano y se vuelve a Madrid. Yo empiezo el lectorado en la UBA y a saber cuando nos volvemos a ver.

martes, febrero 09, 2010

Sin cero

Tal vez vaya a buscarte. Te sorprenderé como solía hacerlo, sin flores en la mano escondidas tras de mí. Sin notas a letra imprenta ocultas bajo el cenicero. Sin rimas fáciles que te hagan reír. Sin síntomas de mi presencia, sin haberte recogido la ropa del tendedero, sin haberte estirado las sábanas. Sin esperas en el 69 de tu plaza de aparcamiento. Sin cartas en el buzón, sin sellos, sin destinatario… Sin cena para dos con velas gachas ni incienso del Perú. Sin llamadas al porterillo de madrugada. Sin mensajes a tu celular: “Estoy en las escaleras. ¿Puedo deshacer tu cama?”. Sin arena de playa, ni conchas moradas. Sin sonrisas conquistadoras ni miradas profundas. Sin cogerte de la mano por detrás, sin susurros al oído, sin sustos. Sin excusas, sin disculpas. Sin hablar del pasado, sin sentido. Sin saber lo que digo, sin abrazos. Sin sentir lo que siento, sin llantos. Sin que lo entiendas, sin saber, sin importarme, sin preguntarte. Sin hablar… sólo sexo, sin amor.

miércoles, enero 27, 2010

Se sabe

A veces recupero del cajón virtual aquellas canciones de aquel cantautor desconocido entonces. Las escucho como si ahora fuera o fuese 1998, como si tuviera o tuviese 17 años, como si no tuviera o tuviese más preocupaciones que esperar a que llegue el viernes para juntarnos en el Pulgarín alrededor de una botella de Ballantines.
Y es que muchas veces, consciente e inconscientemente, recupero esas canciones y esos años. Incluso si la canción es aún más antigua, retrocedo tres lugares en el tablero y me quito años. Empiezo a contar esos lugares desde la casilla 19, la mía.

En esta partida de Parchís en concreto y al son de mi música más castiza los protagonistas son… ellos, cada uno ocupando su lugar, en espacios y en tiempos diferentes, a la par que muchos otros coincidentes, únicos e irrepetibles. Empiezo a contar sus lugares.

El primero, casilla 31, se sentaba al borde de la ventana de su cuarto, justo debajo de las tejas y nidos de pájaros, en la séptima planta. El piso más alto de la torreta en la que vivíamos. Como saben el ascensor que nos vio subir y bajar tantas veces fue cambiado por vistas al mar. Lo que no saben es que la mayoría de la veces bajábamos las escaleras en saltos de 8 escalones fraccionados en plantas y entreplantas. Un total de 116 peldaños, pero de esto hace ya años. Cuando repitió curso, suyo fueron todos mis libros de EGB. con los ejercicios hechos y los problemas de matemáticas resueltos.
El segundo, casilla 15, se asomaba al balcón y si te veía pasar por debajo te escupía. Su piso también era el último, pero mucho menos alto. Bloques como el suyo sólo tenían 3 plantas. Allí aprendí a escuchar los primeros cuplés y popurrís del Carnaval de Cádiz, a usar el rewind para escribir sus letras en cuadernos cuadriculados. Allí había un póster a tamaño real de una tía con las tetas al aire. La imagen fija pasó con el tiempo a la imagen en movimiento. Las tetas se movían, y usamos de nuevo el rewind para quedarnos a gusto. Aprendí también a ser más del Barça, sólo porque él era y es madridista hasta la médula. Un día debió arder con la camiseta del Recre puesta. Eso dijeron. A él le debo todas aquellas carreras que huían de la gente con la que se metía.
El tercero, casilla 26, compartía habitación con su hermano menor. En la torreta de enfrente, su casa era de las que tenían 4 habitaciones. Allí vi por primera vez un Amstrad, o era un Spectrum (?¿) y disfruté con Sonic en la Sega Mega Drive. No hace falta que diga que ha sido y es con el que más afinidad tengo, aunque si fuéramos o fuésemos manos, él sería la derecha y yo la izquierda. Hubo fines de semana en los que antes de salir hablábamos de la ropa que nos pondríamos. ¡No te pongas la rosa hoy!. Éramos los más presumidos, no cabe duda. Si cantaba en concierto Manolo García, allí estábamos. Todo el mundo sabe que fuimos campeones repetidas veces del “cuadrado” jugando a las cartas, indiscutibles en aquellos veranos. Compartimos las primeras jugadas de ajedrez imantado. Una vez ganamos al Tabú en una casa con fantasmas tarifeños. Hay que decir que hemos ganado mucho juntos.
Como si de un tablero de parchís fuera o fuese, para cada uno un color, una casilla numerada por la que los demás han pasado y pasarán de nuevo, una partida en la que todos ganamos. Y aunque en ocasiones el tablero permanece en algún cajón sin que ninguno de los 4 juegue a la vez… se sabe que está ahí. Se sabe.

Y de todas las casillas del tablero de parchís, de las 68 numeradas, yo sólo me dejo comer en 3… y es que yo siempre he sido de pocos amigos.

viernes, enero 15, 2010

Tiempo estimado

Duermes.
...

Yo miro a la nada, a la infinita oscuridad... allí donde el techo de la habitación de invitados no tiene fin.
Das vueltas en la cama, te retuerces entre las mantas, me rozas y noto tu calor. Te escucho respirar y...

Espero.
...

Pienso en mil y una cosa, lo que hice ayer, en lo que debí hacer (y no hice)... Documento 1-Microsoft Word, me salen comienzos insólitos y geniales y finales genuinos e impactantes. Intento mantenerlo en mi cabeza, los coloco en uno de mis estantes de memoria para archivar. Pienso en otras cosas, lo que haré hoy (y no haré), me organizo el día,...
y, a veces, me hago promesas.

Te espero.
...

Suena el despertador, ese ruido característico, odioso pero curioso, maldecido... maldita la muestra de personas que lo eligió. Al segundo y medio, suena la alarma del móvil. Se alternan por unos minutos y ya consigo ver el techo. La luz de tu celular me ubica bajo el nórdico, a la derecha la mesilla adquirida el pasado Knut, a la izquierda tú.

Ahora sí.
...

06:40 h. de un nuevo día. Tiempo estimado para (volver a) abrazar: 15-20 minutos.
...

Buenos días.