No soy yo. O quizá sí. No me reconozco en cualquiera de los casos. En los espejos parezco más bohemio, más pleno de dentro hacia fuera. Aunque lejos de ese bohemio francés de los años veinte, lejos del absenta como primer líquido estimulante y aborigen de mi peculiar estilo artístico, que deambula por calles, perdido en Montmartre… buscando la perspectiva adecuada, ataviado con instrumentos mágicos, para plasmarla sobre el lienzo olvidado. Lejos me encuentro no sólo por los miles de kilómetros. Hago el intento de bajar desde la que dicen es la ciudad del amor, como si dependiese de estéticas estructuras y bellas estampas. Bajo y hago una parada para visitar a Gaudí, para perderme por Barcelona y pisar el asfalto cosmopolita y progresista de sus avenidas cuidadosamente constituidas. Madrid es diferente. Paseo sin rumbo fijo por Malasaña y Lavapiés, me mezclo entre sus gentes, llenas de colores y culturas dispares. Me siento en Gran Vía a ver pasar los automóviles, a los ecologistas en bici y a colgarme de alguna homóloga bohemia del sur extraviada en el centro de su mapa. Huelva no es París, ni nada de lo anterior. Ser yo es más fácil que ser tú allí. Me diferencio del resto, lo noto, lo presiento. Nada tiene que ver que ahora la moda que no me incomoda se tiña de verdes y marrones otoñales, de pañuelos para el cuello estratégicamente colocados como ornamento más que como prenda que cuide mi cuello y mi salud. Hago descanso en mis actividades diarias, en mi rutina buscada, para leer. El pelo largo, cada vez más, desterró de una vez por todas al pegamento para estrellas de cine y el deporte. La barba de tres días es sólo un recuerdo de tiempos más calurosos, de paseos en velero por proa y amarres de cabos sueltos. De anuncio de polo americano. Una capa considerable de bello me cubre mi cara, mis cicatrices, y muestra celosa mis labios. Caracoleo con mis dedos si te pienso. Ya no veo la televisión, si acaso canales informativos y/o de naturaleza. Me embobo. Escucho siempre el mismo dial, el que me hace ser, siempre mientras conduzco, y conduzco mucho. Leo literatura donde tus problemas sociales y mis relaciones sexuales cobran sentido. Me intereso por la política, alejándome más si cabe de las desechadas ideas conservadoras, de las fiestas para tomar el té y del nuevo progresismo de derechas que es la izquierda que nos ha tocado vivir. Exento de las políticas europeas y de las que pregonan cruzando el charco, me siento huérfano político. Y todo esto sería polvo o pólvora, sino fuera por ella, y porque según Murger, la bohemia "no es posible sino en París".
lunes, noviembre 08, 2010
miércoles, octubre 27, 2010
virtualmente perdido
La cosa fue, más o menos, como caer en un pozo sin fondo. Imagínatelo, si tienes imaginación. Porque el pozo del que hablo yo tiene luz propia, si no, cómo coño crees que lees esto aquí y ahora. La cosa fue, más o menos, así. Me perdí. Iba caminando y, de repente… no sabía dónde estaba. Me buscaba pero no me encontraba. Creí que me había escondido, pero no. Lo supe cuando me vi solo, perdido. La cosa fue, más o menos, sin querer. Se fue la luz. Imagínatelo, si tienes imaginación. Estás fuera, al borde del pozo y se va la luz (dentro del pozo sigo iluminado). Claro, si no hay luz pues esto no fluye, ni con pilas va ya la cosa, ¡qué fuerte! La verdad es que la cosa fue, más o menos, sin esperarlo. Estaba yo aquí y de repente me vi allí. Una isla desierta. Agua, arena y palmeras cocoteras. La cosa fue, más o menos, por inconsciente. Olvidé mis contraseñas, las llaves de mi mesmedad en la red ¿quién soy? Pincha aquí si olvidaste quién eres. No me daba esa opción. Lo siento. Eres lo peor (ni preguntaste). La cosa fue, más o menos, como os estoy contando. Me tocó la lotería. He estado en la cárcel. Con la izquierda no sé. Fui abducido. Dejé de pagar el adsl. Y otras cosas. Estuve dando una vuelta. Alrededor del mundo. Si te fijaste, fueron curiosamente 80 días de ausencia. No me dio la gana, la real. Estuve en el monte. Me robaron las historias. Perdido ya lo he dicho, ¿no? Ahora leo. No uso gomina. Aunque esto último no influyó nada. No te miento pero... Perdí el norte. La brújula. Y me encontré. Imagínatelo, ¿tienes imaginación? Porque no te imaginas el motivo de esta larga ausencia. Me echaste de menos. Ve acostumbrándote. Lo hice por ti. Créetelo. Menuda imaginación. ¿Llegaste al clímax de mi juego de palabras?
No tienes tanta imaginación.
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Huellas profundas
miércoles, octubre 20, 2010
La mala reputación
Lo bueno, por considerar algo bueno, es que cuando transcurrían las horas... se le pasaba todo, pensaba en frío y se calmaba... lo volvía a pensar... y lo siguiente que quería era verla... ser sincero, decirle que lo sentía, que era un idiota… lo único que quería era verla… lo único…
pero...
Aquella tarde de invierno, a las 19.10h, se conectó y lo que vio es que ella iba muy deprisa... 180 km/h era mucho para lo calmado, tranquilo y sereno que ahora quería estar con ella...
El mensaje a través de la red social que ella le vomitó en su bandeja de entrada era de todo menos alentador. El orgullo de ser más orgullosa que el orgullo de él mismo, la inexperiencia o la mala experiencia, su desconfianza hacia su mala reputación, los desprecios de sus amigas hacia él que no se cansaba de escuchar, su descomunal hipersensibilidad excesiva y sobrenatural… y lo más importante de todo, era invierno, un invierno frío y sus manoletinas no ayudaron a mantener el calor en sus pies, las horas que habían pasado hubieran bastado para haberse curado en prevención de una helada sabida de pies, sus pies pequeños, indefensos, culpables de su ida de mente, de cabeza hueca… con los pies fríos no se piensa bien y en consecuencia no se actúa…
Él le respondió aquel mensaje:
Asunto: mi orgullo.
… no te caigas subiendo las escaleras, no tropieces bajándolas, no te arrepientas, ya no me quitaré la armadura nunca más.
Aquella tarde de invierno se convirtió en aquella noche de invierno. Él que pensaba llamarla y cenar para hablar... él,... se conformaría con la idea de trasnochar, de perderse en barras de bar, de vacilar con las drogas… de sacudir su agenda telefónica para buscar pechos donde llorar, labios que besar y así, así… dilatar su mala reputación un poco más…
pero...
Aquella tarde de invierno, a las 19.10h, se conectó y lo que vio es que ella iba muy deprisa... 180 km/h era mucho para lo calmado, tranquilo y sereno que ahora quería estar con ella...
El mensaje a través de la red social que ella le vomitó en su bandeja de entrada era de todo menos alentador. El orgullo de ser más orgullosa que el orgullo de él mismo, la inexperiencia o la mala experiencia, su desconfianza hacia su mala reputación, los desprecios de sus amigas hacia él que no se cansaba de escuchar, su descomunal hipersensibilidad excesiva y sobrenatural… y lo más importante de todo, era invierno, un invierno frío y sus manoletinas no ayudaron a mantener el calor en sus pies, las horas que habían pasado hubieran bastado para haberse curado en prevención de una helada sabida de pies, sus pies pequeños, indefensos, culpables de su ida de mente, de cabeza hueca… con los pies fríos no se piensa bien y en consecuencia no se actúa…
Él le respondió aquel mensaje:
Asunto: mi orgullo.
… no te caigas subiendo las escaleras, no tropieces bajándolas, no te arrepientas, ya no me quitaré la armadura nunca más.
Aquella tarde de invierno se convirtió en aquella noche de invierno. Él que pensaba llamarla y cenar para hablar... él,... se conformaría con la idea de trasnochar, de perderse en barras de bar, de vacilar con las drogas… de sacudir su agenda telefónica para buscar pechos donde llorar, labios que besar y así, así… dilatar su mala reputación un poco más…
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Huellas sentidas
miércoles, octubre 13, 2010
Things i never told you
Despertar de repente. Pensar en nada. Las sábanas arrugadas. Los domingos. Amanecer temprano. Cepillarme los dientes. Verme reflejado. Los espejos.
Jersey T-shirt. Sed. Agua. Pensar en nada. Mirar. El portátil. Documento de texto. Sentarme frente a él. Pensar en ti. Segundos. Teclear. Pensar en nada. Teclear.
La habitación desordenada. Los domingos. Ahogarme en el armario. Salir corriendo. Sin tiempo ni reloj. Olvidar el móvil. La pereza.
Parar el tiempo. Girar la llave. Conducir solo. Sin rumbo fijo. O un par de destinos improbables. Pop de los 80. Sumergirme. En la música. Gritar. Pensar en nada.
…
Parar en doble fila. Estar seguro. Girar la llave. Intermitentes. Pensar en nada.
Beber en la barra de un bar. Pedir otra. Y otras más. Aguantar la micción. Pensar en nada. Mandarme a callar. Pedir otra. Y otras más. Salir corriendo. Olvidar mear.
…
Cruzar la calle, cruzarnos. Que no seas tú. Pensar en nada. Deambular. Verme reflejado. Escaparates. Maniquíes desnudos. Pensar en nada. Esquinas, portales. Mear. Pensar en nada. Estar seguro. Suspirar, aliviar, sonreír. Pensarte a escurridas.
…
Caminar. A paso ligero. Tormenta de verano. Refugio inesperado. Ver llover. Paraguas en mano. Ajena. Ninguno conmigo. Ni contigo. Verlas caminar. A paso ligero. Pensar en nada.
…
Quedar a salvo. Estar mojado. Directo a los baños. Secador de manos. Reflejos en el espejo. Volver a secas, húmedo. Pensar en nada. Pedir un helado. Comer helado. Chocolate con cookies. Pensar en nada. Ver lloviznar.
…
Escampar. Imaginar la hora. Pensar en mis relojes. Búsqueda inútil en mis bolsillos. Volver. A casa. Sin prisas. Caminando. A paso lento. Mirada al suelo. Pensar en nada. Cruzar en rojo. Búsqueda inútil entre las calles. Mojadas.
…
Dormir cuando tenga sueño. Soñar despierto. Perderme en tu corazón. Mirar a la gente. Tenerte enfrente. En sueños. Despierto. Imaginarte en otra. Que se parezca. Que se te parezca. Pelirrojas. Hay pocas. Como tú. Que se parezca. Que se te parezca. Pensar en nada. Es lo mejor.
…
Llegar a casa. Soltar las llaves. Calefacción aire acondicionado. Desnudo. Cepillarme los dientes tras de ti. Reflejarnos en el espejo. Verte reír. Soñar despierto. Caminar en círculos por el salón. Sofá. Leer.
…
…
Escribir mentiras. Sobre mí.
huellas encasilladas
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