miércoles, mayo 12, 2010

Enigmática disyuntiva

Las veces que he pensado en ir a por ti. 
Las mismas que has soñado que despertabas a mi lado.

Pero algo nubla mis sentidos, ¿pueden ser los tuyos? 
Puede ser la niebla, pero es el miedo. 
Mi boca está sellada... mis ojos sordos, los dos.

¿Qué hacer si te tengo delante? 
Lo de tus manos o mis manos es cuestión de trazos o abrazos. 
Sostenerlas es obligación, acariciarlas... eso es otra canción, 
eso es otra canción (de amor), 
de las que gustan, de las de Quique o Carlos.

Y es que, aun sabiendo lo que importa,
los besos de reojo o las miradas con cara de ceder,
las sonrisas que quisieras evitar o el verde brillo reflejo en mi ser... 
aun sabiendo los que importa, lo demás,
todo lo demás siempre ha sido un acierto... 
otra canción es eso de... si tú me quieres o si yo te quisiera... 
eso es otra canción de las que gustan,
de las de Andrés o Iván.

Y es que lo que importa son los aciertos, los buenos o los malos.

Acabas colocando a cada lado de la raya, 
las canciones buenas o las malas, 
y los aciertos bajo la almohada. 
Luego, tú sonríes justo antes de soñarme... 
y son las mañanas en las que justo después de levantarte, 
vuelves a hacerlo, como cada noche, 
sin llegar a aclarar tu disyuntiva para amar.

Siempre estoy aquí, al lado de donde duele. 
A veces, delante de ti esperando que seas tú la que grite... 
la que dibuje sus sueños en mi espalda 
y, tras los polvos mágicos, se hagan realidad.

En serio, estoy aquí. Esperando tu salto mortal,
o no.

miércoles, abril 28, 2010

un 4 y dos 5

No cabe duda que de todas las herramientas del nuevo Microsoft Word, la de Ancho de página en la pestaña Vista era y será la mejor opción para empezar y acabar con final inesperado la novela que tengo en mente.

Últimamente, de unos quince años acá, la mayoría de mis éxitos literarios han rondado las trescientas y “picopelopata” de palabras, la mayoría aceptadas por el DRAE, algunas malsonantes y otras inventadas. Los mejores los dedicados con la mitad de trescientas, muchos picos, dos patas y nada, nada de pelo. De unos quince segundos acá, he pensado en juntar todos esos textos y quizá, y digo quizás, me llegue para una novela de segunda, una donde aparezca bien grande y socorrida mi foto en portada (y en el interior, pero más pequeña, claro). Puede darme para algunas invitaciones Vips y para algunas acreditaciones. Estancias en hoteles, reencuentros con amores de nivel 2, chic y presentadoras de TV. Firmaría algunos ejemplares, tengo muchas amantes y un par de amigos conocidos [por todas (mis amantes)]. Me daría para “vivir del cuento”, nunca mejor dicho. Hacer como en las pelís americanas, en esas librerías nada “cool” junto a ropa y discos de segunda mano, tropezar conscientemente con la chica que observa la foto del interior: “Sí, bueno… soy yo, bueno sí, era… mucho más joven”.

Actualmente, no sobrepaso el centenar. Éste ya se me está haciendo demasiado largo, y acabo de empezar. No me preocupa demasiado. Tengo cosas que hacer en cuarenta y cinco minutos, y tendré que dejarlo (a medias). Cuarenta y cuatro. Ya he llegado a ciento ochenta y ocho en total, ahora ciento noventa y tres. Treinta y nueve minutos.

Ahora entiendo lo que es vivir en soledad (perseguida. Sí, por favor. Oh my God!). La buhardilla es demasiado coqueta para disfrutarla a solas. Al llegar a casa después de hacer los “mandados”, parece que se me cae el techo encima. Esto es literal y en el otro sentido también lo es. Parece, del verbo parecer. De todos modos, es lo que te digo. Entre lavadoras y tendederos, entre camas y encimeras, entre muebles y suelos… tenlo todo recogido por si hay visitas, y abrígate si sales a la calle. "Mamá estamos en abril". Tenlo todo así, y entre unas cosas y otras, escribe algo donde no hables de amor, corazón, playa, verde y mariposas. Y es que es así. Me gusta cocinar y escribir, pero pasados los cuarenta y cinco minutos, prefiero un práctico chino, un cuchillo afilado y un buen abridor (así me lo vendieron: “El interior de una botella puede llegar a ser muy tentador pero sin el sacacorchos adecuado no podemos disfrutar de ese placer.”) que seguir con un texto de cuatrocientas cincuenta y cinco palabras que no dicen nada.

sábado, abril 10, 2010

Perdido


Me despierto con la claridad de un sol que se deja entrever siempre que las nubes le dan tregua. Ya siempre me olvido de bajar la persiana. Reliado con tu sudadera, la última que llevabas, la de estar por casa... no hace falta que te diga para que duermo con ella. Cuento los días que faltan, me imagino tu regreso... te añoro. Pinchazo en el interior.
No hay besos ni abrazos... no hay estimaciones temporales.

El baño está recogido. No estoy acostumbrado a verlo como lo dejé la noche anterior. No hay mensajes en el espejo. No hay cremas en el lavabo, ni pasta dentífrica que lo manche todo. La solución para tus lentillas sigue ahí, como tus horquillas y cintas del pelo. Todo sigue como siempre (desde que te fuiste). Odio que todo esté en su sitio.
En la cocina ya no hay Cola-cao espolvoreado por toda la encimera... ya no friego tus tazas...

Ando perdido sin ti... el piso se me hace demasiado grande. Me sobra cama, sofá, cocina, comida... me sobra sitio en la percha de la entrada... me sobra espacio... demasiado silencio... me sobra todo y me faltas tú... y esto es sólo el comienzo del día.

 

lunes, marzo 29, 2010

Pocoyó

Piensas que si te veo, te cogería de la mano... te sacaría del local donde estuvieras con todos, con él, con mi nuevo pocoyó que te has buscado... te llevaría tras una esquina... te pondría contra la pared... y sin mediar palabra (ya están mediando aquí) te besaría tras una larga mirada, cómplice, de varios segundos...


...


Imaginas que ya hemos entrado... mi pocoyó te estaba esperando...
Nuestros cuerpos han sudado y hemos respirado hondo... antes de entrar.
En el local ya no estamos juntos... es inevitable... somos discretos... a ti te conviene serlo.
Tú allí y yo aquí...
Nos miramos entre la multitud, te preguntan dónde fuiste, me preguntan qué hice...
Vacilamos con todo y con todos... sobre todo yo... soy así, a ti te conviene serlo.
Jugamos al despiste... sobre todo tú... y nos reencontramos minutos después de que me pierdas de vista...
Y paso de largo... sonríes y guiñas el ojo.
Bailas... piensas y me buscas...
Se escucha un chas! Y aparezco por detrás... con mis dedos retiro el pelo que te cubre el cuello, que te tapa el pecho... lo coloco hábilmente detrás de tu oreja... no me ves, pero sabes que soy yo... mi pocoyó es aún joven e inexperto... me hueles... sientes mis manos...
... y te beso... en la nuca... te estremeces y siento tu respiración...
te vuelves... y eres tú quien me besa... no puedes evitarlo...


...


Todos miran, él te mira... te haces la tonta... a ti te conviene serlo.
Tus amigas aguantan a pocoyó... sobre todo tú.