jueves, noviembre 20, 2008

Lo visceral

Siempre fui un inconsciente, siempre. Nunca acabo de secarme.

En una habitación siempre me dejaba ganar en esas peleas contra frascos miniatura de perfumes caros. Porque s
ólo eran eso, perfumes caros.

En un colchón deshago pensamientos y anudo palabras, las encadeno y te vuelvo loca a base de miradas, también encriptadas.

En la ventana me pierdo. Mi silueta es sólo eso, una silueta que abrazas manchando con tus huellas dactilares el cristal que nos separa.

En el espejo del baño se reflejan mis ojos y, en ellos, me veo reflejado. Los cierro y en mi mente te reflejas tú, en el espejo del baño, dibujando formas imposibles que sólo yo sé interpretar.

En el armario siempre me falta espacio para perderme buscando tus ganas de mí. Y temo cansarme si no me encuentras tú primero.

Detrás de la puerta arrastro la basura con el pie derecho, es la puerta que está junto a bambalinas. Y no me da vergüenza decirte que ahora eres protagonista.

He visto como mi boca jugaba al escondite con la tuya. Me aburrí de contar hasta 100. Tu boca se escondió, otras tantas veces, detrás de la puerta donde colocaste tus vergüenzas.

Nuestros ojos, celosos, no saben que tienen sus momentos y que pierden el tiempo viendo como nuestras bocas juegan al escondite... y nunca se encuentran.

Y nuestras manos se han sentido inútiles por esta vez... sólo por esta vez...




... a ti.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué bonito escribes pequeño saltamontes!

Galamina dijo...

He reconocido el momento exacto de mi recuperación de consciencia, y me he encontrado empadada.

En una habitación he pillado a mi olor enredado con el tuyo, en una lucha frenética por ver quién era más fuerte.

En un colchón he dejado a mi voz, rota, atrapada entre onomatopeyas encriptadoras de un mensaje oculto.

En la ventana he tatuado mi silueta escondiéndose, detrás de la tuya, de la mirada escandalizada de la diferencia de temperatura, en grados centígrados, entre nosotros y ella.

En el espejo del baño han resbalado mis dedos, dibujando formas imposibles, inspiradas en Gaudí, huyendo, retrasando lo que sabían iba a suceder.

En el armario he colgado mis ganas, las insaciables, para que las canses cuando quieras/puedas.

Detrás de la puerta he colocado mis vergüenzas, para que las tires a la basura la próxima vez que quieran ser protagonistas y, de nuevo, no lo consigan.

He visto como mi boca jugaba al escondite con la tuya. Y el juego elástico al que han jugado nuestras piernas, imitando figuras imposibles jugando al tétris.

Nuestros ojos, celosos, han apostado que nunca dejarán de perseguirse.

… Y mis manos se han sentido inútiles por esta vez